Comentando un post de Vero sobre este tema me di cuenta de que me estaba extendiendo mucho... así que prefiero contar mi experiencia aquí!Manu dejó los pañales a los 2 años y 8 meses. No sé si fue la edad "apropiada" conforme los estándares. Mi hijo no es un estándar, es mi hijo. Los dejó porque estaba listo, evidentemente. Durante algunas mañanas previas me asusté al ver que los pañales amanecían totalmente secos. Le pregunté a mi papá (que es médico) y al pediatra de aquel entonces y me contestaron que no tenía ningún problema; que tal vez ya empezaba a controlar los esfínteres. Ahhh! Era eso... claro!
A Manu ya no le gustaba ni medio hacerse caca encima; me pedía con una carita de incomodidad bárbara que lo cambiara. Entonces, aprovechando el veranito previo al comienzo del jardín, empezamos el proceso. Al principio le pedía que me avisara, y no resultaba. Se hacía encima y parecía frustrarse. No coordinaba las ganas con avisar. Una mamá de tres varones que estaba trabajando en la casa de mi mamá (estábamos allí de vacaciones) me dijo que ella los ayudaba sentándolos en el inodoro cada tanto. Y así hice. Lo senté por primera vez y no le gustaba mucho la idea; lo abracé fuerte, le dije que se quedara tranquilo, que yo estaba con él, que llamáramos al pis para que se animara a salir. Nunca quiso usar pelela, y hacer pis parado era incómodo; no llegaba al inodoro! Cuando logró hacer pis por primera vez lo festejó como un verdadero logro! Durante esos días a veces usaba los pañales, otras veces su mallita, pero siempre trataba de que hiciera pis en el inodoro. Y así empezó a avisar él. Después fue el paso de hacer caca, y nunca más quiso usar los pañales. Incluso se lo ofrecí más de una vez, para dormir, para viajar, o simplemente para darle lugar a que lo considere, y me decía que no, que ya no era un bebé.
Con el chupete fue increíble. Tiempo antes de lo que les cuentos con los pañales se le había roto su tan amado "tati", y mamá corrió a comprarle el chupete más irrompible de todos. Tampoco me había planteado cuándo "debía" dejarlo. Le conté esa anécdota a mi psicóloga, y sonriendo me dijo: _ Como muy buena mamá que sos, le compraste el mejor chupete, el que no se le va a romper... Y ahí pensé que ni me había hecho cargo de que el chupete alguna vez lo iba a tener que dejar... Cuando le di el chupete nuevo a Manu le conté que era un chupete muy fuerte, que no se iba a romper ni fácil ni rápido, pero que una vez que eso pasara ya no iba a haber más tati, que ya era más grandecito y que ya podía dejarlo. El repetía: _ Cuando dompa ete, no más tati. Lo sorprendente fue que a los pocos días se esmeró por estirarlo, masticarlo, romperlo. Vino orgulloso a contarme que se había roto su chupete, me lo dio en la mano y me dijo:_ Mamá, no hay más tati. No lo podía creer. Le pregunté si estaba contento, si estaba seguro, y me dijo que sí, que no había más tati. Nunca más lo pidió. Lo tengo guardado de recuerdo. Amo ese chupete. Cuántas cosas nos enseñó a los dos! Se lo volví a mostrar cuando estaba preparando las cosas para el nacimiento de Paz y encontró un chupete rosa. Le encantó verlo, y le conté esta historia.
La mamadera? Fue más difuso, más lento. Primero la "mema" con manijitas tipo vasito, después los vasitos propiamente dichos, y luego los vasitos definitivamente. Lo único feo que recuerdo es que su abuela le daba la mamadera cuando se quedaba a dormir en la casa de ella, pese a que le habíamos pedido que no lo hiciera. Y Manu me lo contó porque evidentemente no se sentía cómodo con eso de "no le cuentes a tus papás"... Y bueno, charla de por medio, lo que intentamos explicarle a la abuela es que lo más preocupante era que él aprendiera a mentirnos, no que tomara la mamadera en su casa. Le dimos permiso para que le diera la mamadera unas veces más, hasta que los dos asimilaran el cambio, y así fue.
No sé si hicimos "bien o mal". Lo hicimos como pudimos, creyendo que estábamos haciendo lo mejor. Fueron procesos significativos para nosotros como padres y para Manu como hijo y como bebé que se convertía a niño cada vez más. Fue hermoso, tierno. Siento que lo acompañamos, que lo sostuvimos, que esperamos a escuchar sus señales, que lo logramos juntos. Espero que así haya sido de verdad.