
Soy lectora dedicada de elmalentendido. En su último post, Placer para valientes, escribí un comentario que no pude publicar por una falla internetera. Bienvenida sea, porque terminó inspirando estas líneas.
En su artículo Ricardo nos invita a pensar si estaríamos dispuestos a comer un plato de "Fugu", uno de los pescados más venenosos del mundo, y uno de los mayores manjares de Japón. Aclara que sólo puede ser preparado por gourmets especializados y matriculados, a fin de no morir en el intento.
Juega con la valentía, el deseo, el placer, la vida y la muerte.
Pienso que hay varios deseos y situaciones en la vida que, a primera vista, pueden verse como un acto de locura, como una cierta predisposición a asumir riesgos descomunales. Razonar así creo que es una falacia.
El razonamiento falaz sería: deseo y estoy dispuesto a comer ese plato exótico, ergo, estoy dispuesto a morir.
Para mí, el razonamiento correcto o valioso sería: deseo y estoy dispuesto a comer ese plato exótico, preparado por profesionales idóneos, ergo, morir sería una falla.
Si es un acto de valentía o una locura dependerá de quién lo valore, puesto que las valoraciones (y los valores en sí mismos) dependen del criterio de su observador.
Por otro lado, si la valentía tiene una relación directa con la seguridad o inseguridad que una experiencia propicia, podríamos decir que siempre seríamos valientes, puesto que nada (o casi nada) en la vida es seguro.
A este tipo de planteos podemos enfrentarnos constantemente cuando perseguimos la concreción de nuestros deseos, porque desear es hacer, y hacer conlleva siempre un riesgo. Para desear hay que ser valiente; para concretar nuestros deseos tenemos que tener coraje (lo que no significa de ningún modo que seamos como el Quijote luchando contra los molinos de viento).
Y a estos mismos razonamientos y cuestionamientos me enfrenté cuando decidí parir a mi hija en mi casa, asistida por un médico y una partera especializados. Mucha gente desde su desconocimiento me decía que al tomar esa decisión estaba asumiendo como posibilidad que mi hija muriera durante su nacimiento. No sólo es un razonamiento falaz, sino intolerante.
Propongo y milito desde entonces a favor de informarse, de tomar cartas en el asunto (cualquiera sea) para luego sí decidir si estamos dispuestos o no a ir detrás de nuestro deseo. Lo que cada uno decida será válido para sí mismo y eso es lo que en definitiva "vale".
Desear también implica cuestionar, indagar, valorar, elegir.
Contestándole a mi colega bloggero: a eso sí, claro, me atrevo.