
Hace algunos años creía que las casualidades no existen, aunque no le daba a la encadenación de los sucesos una autoría en particular.
Hace muchos más años creía en Dios, y hace muchísimos años hasta profesaba la religión católica.
En ninguna de esas etapas creo que estuve equivocada, simplemente era lo que sentía y estaba convencida de eso... o eso creía. Tenía que ver con un contexto y una formación determinadas.
En el presente me defino atea, después de años y años de repensar el tema, llevada fundamentalmente por lo que siento.
Ser ateo no significa no creer en nada. No es tener una vida sin eje o sin expectativa o esperanza. Yo lo siento como una manera de percibir la realidad, ésta que nos es única y maravillosa, sin esperar premios y castigos extraterrenales, sin la necesidad de creer que hay un Ser superior que me cuida o me castiga, ni que todo me lo perdona. Ni que lo creó todo.
Ésta es la única vida que existe para nosotros; la realidad y el mundo, la existencia, tal vez sí sean infinitas... quién sabe. En esto radica para mí la esencia de la experiencia vital. Ésta es nuestra posibilidad de Ser, y por eso en ésta que siento mi única y extraordinaria posibilidad, intento con entusiasmo cumplir mis deseos y ser feliz.
Últimamente mi amiga Jime me ha hecho repensar esta premisa de que las casualidades no existen. Y advierto (o necesito advertírmelo) que eso no significa creer en alguien superior que todo lo dirige. Olvidé decir que tampoco creo en el destino.
Volví a prestar atención a cierta concadenación de sucesos, y lo valioso de esto es tener la posibilidad de revalorar la experiencia, de disfrutarla, sintiendo que todo tiene que ver con todo, y que todo es aprendizaje.
En Navidad Jime me regaló una muñequita Quitapenas. Me contó que son oriundas de Guatemala, y que se utilizan para contarles las penas y ponerlas debajo de la almohada, para que de ese modo ellas se las lleve. Me encanta el folklore de las distintas culturas. A mi muñequita no le conté ninguna pena, porque sentí que no tenía nada particular que quisiera que se lleve.
La noche de Reyes caí en la cuenta (tarde) la fecha que era. Culpa mediante, intenté salir del paso del modo más disimulado posible. A Manu los improvisados Reyes Magos le trajeron unos lápices de colores comprados en el Malba, lo que lo puso muy contento "porque mirá mamá, los Reyes fueron al museo otra vez por mí!" (en Navidad le trajeron un libro de arte para niños que también Papá Noel compró en el Malba). A Paz los Reyes le trajeron... la Quitapenas. La miró, me miró, le gustó...
Hoy se me ocurrió buscar en Wikipedia información sobre las Quitapenas. Me sorprendí al leer que se usan generalmente para los niños, para que la muñeca se lleve sus miedos y penas de no lograr dormir.
Lo primero que pensé fue Qué casualidad?!, ya que en este 2010 tengo, entre otros, el proyecto de lograr que Paz duerma sola en su camita; acompañarla y sostenerla en ese despegue. Me ayudará también (además de la templanza) la Quitapenas.
Con esto quiero decir que revaloro el significado y el sentido de los acontecimientos de la vida, única verdad insoslayable.