miércoles, 11 de marzo de 2009
Jazz...
Una tarde de lluvia invita al Jazz... y a la improvisación...
Esta banda se llama Pink Freud, y alguien los anunció así:
"El encuentro entre lo cerebral y lo pasional, lo desmedido y lo planificado, es el mismo resultado que hay entre Pink Floyd y Sigmond Freud. Esta extraña mezcla es la que ha dado origen a un grupo de músicos polacos llamados Pink Freud".
Otra curiosidad: improvisan casi todos sus temas, sobre la base de la batería. Juegan, crean, con la improvisación.
Zarpados, no?
martes, 10 de marzo de 2009
Arte...
domingo, 8 de marzo de 2009
Mujer Salvaje

Voz de Mujer

FELIZ DIA...
viernes, 6 de marzo de 2009
¿Qué quiso decir?

Ayer por la tarde, en mi trabajo, hablé por teléfono con una mujer que no conozco. Lo poco que sé es que es una empresaria exitosa, con familia e hijos.
En medio de la charla me pidió disculpas y se puso a hablar por otro teléfono con un plomero, por un problema que tenía en su casa. Se la notaba exigida, cansada, acelerada, competente.
Volvió a la charla conmigo y me dijo: _ Disculpame, viste cómo es esto... Yo le respondí con empatía _ Sí! ¿Viste qué exigidas estamos las mujeres?. Ella me respondió _Viste? Y después, somos las boludas...
Su respuesta me dejó desorientada, sorprendida, confusa. No dió para que le preguntara a qué se refería. Se la notaba afectada.
Yo siento que las mujeres estamos frente a un desafío constante, tratando de ser madres, esposas, amigas, profesionales, trabajadoras, sostenedoras emocionales del hogar, incluso a veces hasta económico. Pero si de algo estoy segura, es que por eso no somos boludas.
¿Qué habrá querido decir? ¿Ustedes qué captan? ¿Alguna vez se sintieron Las Boludas?
El cuadro es un Jonquieres.
jueves, 5 de marzo de 2009
"In Treatment"

Así se llama la serie que estoy mirando: "En tratamiento". Son sesiones de terapia, una por cada día de la semana. En Estados Unidos la emiten de lunes a viernes, por lo tanto cada día tiene su paciente, y su horario.
miércoles, 4 de marzo de 2009
El Flaco
La tapa del vinilo de Almendra que tenía mi papá me llamaba poderosamente la atención. Me hacía reír, y de a ratos ver cierta locura. Era muy niñita entonces.
Un poco menos niña recuerdo el poder de Pescado.
De adolescente lo recuerdo con los Socios del Desierto. Escuchaba fascinada un separador de Rock & Pop que decía: "Casualmente yo te ... conocí... Spinetta y los Socios del Desierto", para anunciar un show, mientras tomaba sol tirada en el pasto.
Ya joven, viviendo un gran amor, ese disco me transportó, en la belleza del bosque de Villa Gessel.
En Bariloche se casó una pareja de amigos, justo esa noche que tocaba El Flaco. Los flamantes esposos lo encontraron en el vuelo de vuelta, y le contaron cuánto los queríamos sus amigos, que habíamos logrado resistir la tentación de ir a verlo tocar... Dicen que Spinetta se divirtió, y un autógrafo nos dedicó.
Nació mi sobrina y fue Que ves el cielo su canción.
Después nació mi Manu y Todas las hojas son del viento resume muy bien mi sensación.
Verlo en vivo es como un acto cariñoso. Un ida y vuelta con su público. La sensibilidad, la música y la poesía personificadas.
Como cuando lo vi salir por primera vez a un escenario, sólo quiero decir Te quiero, Flaco.
lunes, 2 de marzo de 2009
El objeto de deseo
Hace unos días me quedé sorprendida viendo un programa de investigación periodística en el que denunciaban la existencia de una banda de delincuentes que seducía y luego estafaba a pretendidos consumidores de artículos de lujo. Los coqueteaban a la salida de los negocios donde vendían aquellos ansiados objetos, diciéndoles que se los podían vender a menor precio, claro está, en el mercado ilegal. Lo cierto es que varias “víctimas” pisaron el palito, obteniendo como resultado la pérdida del dinero, y la imposibilidad de acceder ni a la mitad de aquél deseado fetiche, un plasma de 48 pulgadas, por ejemplo.Los denunciantes estaban indignados. Los periodistas, abocados en dejar bien en evidencia a semejantes criminales.
Y yo me quedé pensando: ¿Qué lleva a una persona a convertirse en víctima de esta situación? ¿Qué problema hay con que no podamos acceder a ciertas cosas o servicios? ¿Quién nos hace creer que podemos alcanzarlo todo? ¿Qué precio estamos dispuestos a pagar o qué riesgos estamos dispuestos a asumir para alcanzarlas? ¿Cuál es nuestro objeto de deseo? ¿Qué sentimos cuando lo alcanzamos? ¿Acaso eso nos hace seres humanos felices?
Muchas preguntas, muchas respuestas.
No me interesa juzgar la situación, sino pensar en ella.
Me fascinan los cambios; el mundo avanza a un ritmo vertiginoso. La posmodernidad nos trajo nuevos paradigmas. La cultura, la tecnología, las relaciones laborales y personales, todo cambia. Me entusiasma entender esos cambios, enfrentar nuevos desafíos. Será por eso que me fastidia tanto y me parece tan triste y de criterio pobre, aquél pensamiento de que “todo pasado fue mejor”. La evolución es lo mejor, aún cuando algunos cambios no sean favorables. Otra vez: ¿Quién acaso podría pretender que todo cambie para bien?
En La Nación Revista del 22 de febrero último, se publicó un artículo muy interesante cuya pregunta cae como anillo al dedo: ¿Qué nos da felicidad? Pareciera que esta pregunta es más habitual que nos la hagamos en “tiempos de crisis”, en lo cuales ya no podremos acceder a lo que queremos, al “objeto de deseo” que nos haría “felices”. En realidad, me parece que la audacia del pensamiento consiste en tratar de responder esta pregunta con el afán de saber si en tiempos “normales” o “prósperos” somos realmente “felices”. El desarrollo del aquel artículo es riquísimo, por eso les cito textualmente algunas partes:
Dejar de tener, de comprar o de poder consumir genera incertidumbre e insatisfacción, pero a la inversa, no parece haber un vínculo inmediato entre la recuperación de esos cupos y un atisbo de la felicidad (…) Clive Hamilton, retrata en “El fetiche del crecimiento”, un drama actual de la sociedad Occidental: “Cuanto más queremos tener, más infelices somos.” (...) Sobran las pistas, parece, para sospechar que entre dinero, consumo y felicidad no hay una relación directa (...) Quizás el malentendido provenga de confundir placer con felicidad, cuando en verdad no son sinónimos, sino antónimos. El placer tiene una base sensorial, es fugaz, nace del deseo y se disipa una vez percibido para dejarnos con necesidad de más. La felicidad, en cambio, puede describirse como una integración de sentimientos y emociones que aquieta las pasiones, armoniza el mundo interior, tiene resonancias espirituales y es un estado que se instala y fluye sin prisas (...) A estas alturas, quizá pueda decirse que “la economía de la felicidad” no es una economía que pase por el dinero o por lo reducible a él. Christian Arnsperger nos recuerda que la existencia humana es económica desde el momento en que se trata siempre de relaciones entre sujetos que se necesitan y que intercambian gestos, palabras, miradas, experiencias, conocimientos, símbolos, habilidades, objetos. En ese intercambio, en esa relación, encuentran su pluralidad las individualidades (...).
Consecuencia de estos tiempos de crisis de paradigmas (siendo la crisis económica solo una parte de ella o más bien una relación de causa-efecto) es que los humanos intentamos conectarnos más con la "espiritualidad" como medio para alcanzar la felicidad. Ya no serían los “objetos de deseo” los que nos conducirían a ella, sino más bien la construcción de un estilo de vida que nos lleve a ver la felicidad como a un estado, más que como algo a alcanzar. Ya no sería aquella zanahoria siempre lejana, y que una vez alcanzada haría aparecer otra nueva, una y otra vez, en una rueda interminable. Pero, ¿Qué significa ser "espiritual"?
En el suplemento Enfoques del día de ayer del diario La Nación, se publicó un artículo muy interesante sobre "la espiritualidad" como tendencia. Dice este artículo:
... Es el sociólogo Alain Touraine... quien ofrece algunas pistas sobre nuestro tema. El advierte sobre el advenimiento de una revolución cultural silenciosa -y lo aclara bien: hay un cambio cultural, no político-, ya en marcha, que nos está conduciendo de una sociedad de conquistadores a otra de autorrealización (...) Con la creación de su concepto de ultramodernidad, el filósofo español José Antonio Marina anuncia la aparición de un paradigma nuevo, tras el fin de la posmodernidad, que nos ayuda a entender en qué contexto se dan estos nuevos modos de ser y ver el mundo. Según Marina, la defensa a ultranza de la individualidad, la libertad, el descreimiento y el puro presente, valores propios de la posmodernidad, entraron en crisis (...) Explica el advenimiento de esta era como una síntesis cultural entre la modernidad y la posmodernidad, es decir, como el ejercicio de una libertad con responsabilidad. Ahora, se incorpora una dimensión ética. Así, mientras en la modernidad imperaban los grandes relatos que no dejaban espacio para las necesidades individuales -capitalismo, marxismo, todos los "ismos"-, el orden, el dogma y las polaridades como izquierda y derecha, o bien colectivo versus individual, la posmodernidad trajo su contracultura. Entonces vinieron el valor del individuo por sobre todo, la emoción, el descontrol, el puro presente, y una carrera segura hacia el sinsentido. Para Marina, entonces, la ultramodernidad vendría a unir lo que antes estaba desunido. Sus palabras emblemáticas son: consenso, equilibrio, el valor de la vida humana, diversidad, respeto. En ese contexto es en donde entra la sed de espiritualidad entendida en un sentido amplio, sin dogmatismos, y no con un tinte religioso.
El desafío y el cambio, están pues, instalados. Ahora será cuestión de cómo cada uno quiera vivir a partir de ello.
domingo, 1 de marzo de 2009
Yo amo a Pappo's Blues
Desde adolescente yo amo a Pappo's Blues. Nos juntábamos en la casa de mi amiga Ely a escuchar blues, y además de Pappo escuchábamos a BB King, a Durazno de Gala, y más tarde a Parte del Asunto! Hay de todo...
Lo vi en vivo en dos oportunidades y me rompió la cabeza el sonido irreverente de su guitarra. Es rock en estado puro. La última vez fue en la playa de la Rock & Pop, en Mar del Plata, el día que se perdió Cactus (su perro), que por suerte apareció. Tuve el placer de escuchar y cantar "Sucio y desprolijo" por primera vez, un día de viento nublado, con los pelos en la cara, saltando de alegría. Y resulta que no era común que la tocara en vivo.
Quise postear esta canción porque además de ser la que más me gusta, la siento como un manifiesto del rock. Adrenalínico.
