Suelo ver imágenes que quisiera eternizar en una foto. Momentos sutiles, bellos y efímeros que sin embargo no podrían ser alcanzados más que por mi propio ojo.
Hoy pensaba mientras manejaba y escuchaba esta hermosa canción, que hay ciertas imágenes que vale la pena guardar en las retinas y tal vez poder compartirlas, porque ni siquiera una foto podría aprehenderlas tan fielmente como nuestro propio ser.
Nuestros sentidos en su máximo poder de captación.
Desde el auto vi una nenita de rulos dorados y piel rosada mirando para cruzar la calle de la mano de su mamá, y el sol posado en su mirada la hacía todavía más bella. Ese instante de ojitos semi cerrados, de rulos volados por el viento, de luz solar inmensa en tan pequeño rostro...
Y esta canción que dice "Feel the sunshine on your face..."
Y pensaba que salir con una cámara en la mano no estaría mal; salir a recorrer ningún lugar, sin tiempo, para descubrir qué te muestra el mundo y su gente...
En mi barrio camina una mujer que debería estar en una galería de arte. Delgada, alta, piel blanquísima, labios rosados, edad madura, cabello corto en la nuca, rulos divinos color naranja...
Y una hermosa tarde de sol de mediados de noviembre, en Costanera Sur, también desde mi auto saqué con mis ojos una foto secuencial maravillosa. Una nena abría el papel de su helado de agua, también iluminada por el sol; sonriendo se acostó panza arriba en un banco y con la cara de placer más linda del mundo, mirando al cielo, mordió su helado por primera vez...
Y todo no se puede, existen límites. Lo que sólo el ojo puede ver; lo que la cámara no puede captar.
Y todo se puede intentar. Entonces lo que el ojo sólo ve se guarda en tu memoria, y lo que la cámara no logra captar se grava en tus retinas.





