... hay algunos días mejores que otros...
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Sentir la naturaleza formando parte de uno.
Ver caer el sol, pintando el cielo de naranja energizante, rosa pastel y al agua de violetas plateados.
Escuchar los ruidos de la noche en el campo abierto, en respetuoso silencio.
La oscuridad intensa, inmensa, abriéndose paso.
La luna sutil... delgada, con el brillo de un diamante.
El aroma intenso a eucaliptus.
Los pasos acompañados.
La brisa fresca de la mañana... como una caricia.
El regreso del verano, con sus sonidos y cantos.

Había tomado la decisión más importante hasta entonces. La vida se le erigía delante llena de posibilidades, cual mundo a sus pies. Le causaba adrenalina el desafío de la libertad; el privilegio de elegir.