lunes, 26 de enero de 2009

De vuelta


Las vacaciones terminaron hace ya varios días, pero las cuento recién ahora que mastiqué el regreso, le puse ganas a la rutina y palié la amargura del "hasta el año que viene".
Tuve la sensación de un disfrute exigido; de a momentos bastante difícil de sobrellevar por el cansancio. También sentí que es hermoso ver a mis hijos jugar, meterme con ellos en sus juegos, saltar las olas, evitar que se coman la arena, verlos comer helados, querer esto y aquello, y lo de más allá también.
Manu cuenta re feliz que conoció 4 playas de Brasil, y las nombra como si alguien le hubiera enseñado hasta el orden: Ingleses, Santino, Bombas y Bombinhas. _Y cuál te gustó más?_ le pregunto. _Bombinhas!. Observé, pero no había pecesitos._ contesta. Disfrutó un montón, pero para mi sorpresa extrañó. A sus abus, al patio de la casa de ellos, a su casita y a su cama. Es más conciente de la distancia, del tiempo, del apego a sus cosas y a sus seres queridos.
Paz estuvo fascinada con el mar y la arena, como si siempre hubiera estado ahí. Es una niñita y un bebé a la vez. Se desafía todo el tiempo para alcanzar hasta lo más alto y lejano, nos desafía por supuesto a nosotros ante cada "no!", duerme exhausta después de la etapa de juego en la playa, pide la teta toooodo el tiempo...
Fueron 8 días intensos, de alegría, cansancio, de camaradería entre tres adultos, entregados a vivir unas vacaciones con pequeños momentos de lujo para apenas leer unas pocas páginas de un libro, caminar juntos con Javier por la playa y darnos algunos besos y abrazos apurados, mientras Paz golpeaba desaforadamente la puerta al grito de Mamaaaaa!, cual niña injustamente abandonada.
Y la pucha si le pusimos pilas y buena onda, que estuvimos todos vomitando por un virus maldito que se apropió de nosotros en tan inoportuno momento.
Como decía al principio, ya mastiqué volver al ruedo. Me entusiasmo con algunos planes para el curso del año. Tengo ganas de encontrarme con amigos y parte de eso sucedió ayer y estuvo buenísimo. Decidí tomarme los viernes de aquí a marzo para irnos a Chascomús a la pile de los abuelos (y así trabajar con más onda!).
Si en definitiva, todo es una cuestión de actitud.

3 comentarios:

Veroka dijo...

A mí me cuesta mucho volver a la ciudad porque yo vacaciono en un lugar tan agreste y silencioso que me muero cada vez que vuelvo!
Y bueh, no queda otra!
Besos!

Verónica dijo...

Bueno, a mi me alegra tu vuelta para leerte otra vez. Que bueno que hayas disfrutado tanto la familia y el descanso. buen regreso!!
Beso

AnDreA GigAntE dijo...

Wow MAI! unaS Reee vacaciones veo!!
Que hermoso Brasil!!
Qué linda experiencia para los chicos!! recuerdo que la primera vez que fui a Brasil estaba como Manu, fasinada!! ya el hecho de viajar en avión, me parecía algo increíble, y cuando estaba allá: el color del mar, el idioma, la calidez de la gente, todo eso me encantó. Y ni hablar de los camarones a la milanesa en la playa!!!
Besotes Mai!! que alegro mucho que se hayan dado un panzazo familiar de vacaciones!!!
Muy buena la idea de Chascomús también!
Hay que vivir con un poco más de naturaleza, de paisaje, que aliviane.Coincido plenamente.
Hasta la proxima!