martes, 28 de abril de 2009
De amores inconclusos
sábado, 25 de abril de 2009
Los Libros de la Buena Memoria
En el suplemento especial Pensar con libros del adn CULTURA de hoy, leí que el escritor sueco Henning Mankell eligió Mozambique, Africa, para vivir, y que allí financia a organizaciones de ayuda a los niños de la calle y a las víctimas del Sida. Me resultó muy significativo uno de sus proyectos, al que llama Los libros de la memoria, que pretende alientar a los enfermos a escribir la historia de sus vidas para sus propios descendientes, en un continente donde la cultura oral predomina.
Mientras alcanzaba Mirar al sol de Yalom, que junto a otros libros está en mi mesa de luz, cantaba Los libros de la buena memoria de Spinetta.
Y pensaba cuántas cosas se pueden hacer para superar el miedo a la finitud y a la transitoriedad. Como estos africanos, que en el momento cúlmine de sus vidas tienen la posibilidad de dejar su legado escrito, inmortal, a quienes los sucedan en tiempo y espacio.
La belleza de lo transitado, aún en momentos de oscuridad. La experiencia transmitida; enseñanza perdurable. La conciencia de lo finito, festejo de lo vivido.
Dice Yalom: Lo de las ondas concéntricas se refiere a que todos nosotros creamos, a menudo en forma no intencional y sin tener conciencia de ello, círculos concéntricos de influencia que pueden afectar a los demás durante años o incluso, generaciones. El efecto que tenemos sobre los demás se transmite, a su vez, a otros, del mismo modo en que los círculos concéntricos que se producen al arrojar una piedra a un estanque se siguen expandiendo, aun cuando ya no sean visibles para nosotros. La idea de que podemos dejar algo nuestro, aunque no vayamos a estar ahí para verlo, ofrece una potente respuesta a los que afirman que la falta de sentido es la conclusión necesaria de nuestra finitud y transitoriedad (...) Los intentos de preservar la identidad personal siempre son fútiles. La transitoriedad es permanente. El concepto de ondas concéntricas se refiere a dejar algo de la propia experiencia de vida. Algún gesto, algún buen consejo, alguna guía, algún consuelo a los demás, sabiéndolo o no (...) De modo que la empresa de escribir está íntimamente asociada a la propagación por ondas concéntricas. Encuentro gran satisfacción en transmitir algo de mí al futuro. Pero no creo que "yo", mi imágen, mi persona, persistan, sino más bien que lo hagan alguna de mis ideas, algo que provea orientación y consuelo. Que algún acto virtuoso o amable, que alguna manera constructiva de lidiar con el terror persista y se propague en ondas, en modos que no puedo predecir y entre personas que no conozco...
martes, 21 de abril de 2009
En búsqueda del Paraíso
Desde la ventana de mi casa de la infancia, compartiendo con mi hermana un ratito de conexión y buena música, con mis sobrinitas cerca, les comparto este fragmento de El libro del Niño de Osho, que oportunamente llevo en mi cartera...Momentos difíciles
El post de Xime me hizo pensar que en momentos difíciles me hace bien conectar. Con gente, con lugares, con emociones. viernes, 17 de abril de 2009
Mar
El post de Ricardo en elmalentendido me hizo pensar en cuántas emociones nos produce el mar.
Su inmensidad nos conecta con nuestro Ser, con nuestras posibilidades y nuestros límites, con lo que nos está pasando y con la fuerza arrolladora de la naturaleza. Y con cuántas cosas más...
Su inmensidad transporta, tranquiliza, amenaza, sacude...
Él hizo una analogía muy interesante entre el planeta y nuestro propio cuerpo, formados mayormente por agua. Y ahí sentí que empatizamos con el mar, que nos conecta con nuestra fibra más íntima.
Un amigo me mostró una foto de su hija de 6 años sacada en el preciso momento en el que veía el mar por primera vez. Se la notaba tan absorta contemplándolo; su expresión era tan profunda y sentida, de tanta conexión, que le pregunté cuáles habían sido sus primeras palabras luego de verlo. Dice mi amigo que su hija le dijo es impresionante papá.
Y como dice la canción, no sólo se trata de ver el mar, sino de sentirlo. Como esta mujer que alisaba la arena de cobre, sin poder verlo, pero con la posibilidad de recortar las sombras, temblando al sentir el viento y las olas...
miércoles, 15 de abril de 2009
En tus retinas
Suelo ver imágenes que quisiera eternizar en una foto. Momentos sutiles, bellos y efímeros que sin embargo no podrían ser alcanzados más que por mi propio ojo.
Hoy pensaba mientras manejaba y escuchaba esta hermosa canción, que hay ciertas imágenes que vale la pena guardar en las retinas y tal vez poder compartirlas, porque ni siquiera una foto podría aprehenderlas tan fielmente como nuestro propio ser.
Nuestros sentidos en su máximo poder de captación.
Desde el auto vi una nenita de rulos dorados y piel rosada mirando para cruzar la calle de la mano de su mamá, y el sol posado en su mirada la hacía todavía más bella. Ese instante de ojitos semi cerrados, de rulos volados por el viento, de luz solar inmensa en tan pequeño rostro...
Y esta canción que dice "Feel the sunshine on your face..."
Y pensaba que salir con una cámara en la mano no estaría mal; salir a recorrer ningún lugar, sin tiempo, para descubrir qué te muestra el mundo y su gente...
En mi barrio camina una mujer que debería estar en una galería de arte. Delgada, alta, piel blanquísima, labios rosados, edad madura, cabello corto en la nuca, rulos divinos color naranja...
Y una hermosa tarde de sol de mediados de noviembre, en Costanera Sur, también desde mi auto saqué con mis ojos una foto secuencial maravillosa. Una nena abría el papel de su helado de agua, también iluminada por el sol; sonriendo se acostó panza arriba en un banco y con la cara de placer más linda del mundo, mirando al cielo, mordió su helado por primera vez...
Y todo no se puede, existen límites. Lo que sólo el ojo puede ver; lo que la cámara no puede captar.
Y todo se puede intentar. Entonces lo que el ojo sólo ve se guarda en tu memoria, y lo que la cámara no logra captar se grava en tus retinas.
sábado, 11 de abril de 2009
Sexualidad y Sensualidad Femeninas
No es acaso Gustav Klimt el dueño de la visión artística de la femeneidad en todo su esplendor? Nos pintó salvajes, fuertes, amenazantes, sexuales, decoradas, doradas. También débiles, pasivas, oscuras. Madres, hijas, abuelas. Embarazadas, eróticas, vivas, sensuales, viejas, muertas.martes, 7 de abril de 2009
Palabras inagotables

Los comentarios maravillosos de las entradas anteriores me hicieron recordar las palabras que les comparto seguidamente.
Mi amiga Meli, allá por la adolescencia, se tomó el trabajo de copiarlo a mano para mí; doblé la hoja y la guardé durante años en mi billetera.
De esa manera estas palabras siempre estaban conmigo, a mano, para reconfortarme y darme claridad y coraje en momentos difíciles.
Coraje para volver a empezar, una y otra vez, una y otra vez.
Dice así:
Si puedes conservar tu cabeza,
cuando a tu alrededor todos la pierdan
y te cubran de reproches.
Si puedes tener fe en ti mismo,
cuando duden de ti los demás hombres,
y ser indulgente con sus dudas.
Si puedes esperar y no sentirte cansado con la espera.
Si puedes, siendo blanco de falsedades,
no caer en la mentira,
y si eres odiado, no devolver el odio,
sin que te creas por eso
ni demasiado bueno, ni demasiado cuerdo.
Si puedes soñar sin que los sueños
imperiosamente te dominen,
si puedes esperar,
sin que los pensamientos sean tu objetivo único.
Si puedes enfrentarte con la victoria y con el fracaso
y tratar a esos dos impostores
de la misma manera.
Si puedes tolerar que la verdad por ti expuesta
sea retorcida por los pícaros
para convertirse en lazo de los tontos.
O contemplar que las cosas a que dedicaste tu vida
se han deshecho,
y lanzarte a construirlas de nuevo,
aunque sea con gastados instrumentos.
Si eres capaz de juntar, en un sólo haz,
todos tus triunfos y todos tus aciertos
y arriesgarlos a cara o cruz, en una sola vuelta,
y si perdieras, empezar otra vez
como cuando empezaste,
y nunca más exhalar una palabra
sobre la pérdida sufrida.
Si puedes obligar a tu corazón,
a tus fibras y a tus nervios
a que te obedezcan aun después de haber desfallecido,
y que así se mantengan,
hasta que en ti no haya otra cosa
que voluntad gritando: persistir es la orden!
Si puedes hablar con multitudes
y conservar tu virtud,
o alternar con reyes y no perder tus comunes rasgos.
Si nadie, ni enemigos, ni amantes amigos
pueden causarte daño.
Si todos pueden contar contigo,
pero ninguno demasiado.
Si eres capaz de llenar el inexorable minuto
con el valor de los sesenta segundos de la distancia final,
Tuya será la tierra y cuanto ella contenga.
Y lo que más vale:
Serás Un Hombre, Hijo Mío!
Rudyard Kipling
El cuadro es un Klimt.
